La sabiduría del puercoespín


Autor: Madeleine E. Belliard.  Extracto de su libro “Despertando a la Nueva Conciencia”.

<< Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío. Los puercoespín, percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos; así se daban abrigo y se protegían mutuamente.

Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Y por eso, se separaban unos de otros.

Pero volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos.

Aprendieron así a vivir con las pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo realmente importante era el calor del otro. Y así sobrevivieron. >>

La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en donde cada uno acepta los defectos del otro y consigue perdón para los suyos propios. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión, amor y paz; y aún si cometo errores, quiero saber que estos son enmendables… saber que me perdonas y me perdono, pero no superficialmente, más bien  desde lo más profundo.

Somos humanos y tendemos a equivocarnos en ocasiones, mas lo que importa es superar estos y todos los demás obstáculos que se nos presentan a cada paso en la vida. Si nos cerramos al completo olvido de las faltas (es decir aquellos /as que afirman que perdonan, pero no olvidan) estamos permitiéndole al orgullo que tome las riendas de nuestras vidas y con él estamos abriéndole las puertas al resentimiento ya que cada vez que recordemos el incidente volveremos a sentir las bajas vibraciones que éste nos produjo cuando ocurrió. Es por eso que el perdón y el olvido son hermanos siameses, es imposible que uno exista sin el otro.

Muchas cosas en nuestro entorno sanarían más rápido si nosotros, verdaderamente, soltáramos el resentimiento, el odio, el orgullo, la ira y el egoísmo. Cada uno de ellos nos detiene en nuestra evolución silenciosamente. El Principito repetía sin cesar: “Soy responsable por mi Flor” y nosotros somos ese príncipe que Saint Exuprey describe en su famosa obra…. También somos responsables de nuestra propia flor y para cuidarla debemos superar esos obstáculos llamados odio, ira, egoísmo, orgullo y resentimiento. Tal vez pienses que es difícil, nadie ha dicho que no lo será, pero Confucio dijo que mil pasos empezaban por el primero y ciertamente andar tanto tampoco es fácil; lo importante es comenzar y luego, sin mirar atrás, continuar no importando si el camino se torna escabroso en ocasiones. Los tropiezos nos hacen fuertes y hay un refrán que dice que no hay mal que dure mil años ni cuerpo que lo resista; es decir que todos tenemos la capacidad interna de superarnos a nosotros mismos y de Ser mejores cada vez. Sabiendo esto debemos ser consecuentes en nuestro empeño por mejorar, por perdonar y por superar esas “pequeñas” o “grandes” cosas que a diario nos suceden; después de todo, la vida sería muy aburrida si no tuviéramos qué hacer en ella.

Publicado el 23 abril, 2011 en Fábulas y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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