Manual de la Urbanidad – Manual de Carreño


En el ámbito de difundir información, no sólo hay que dedicarle tiempo a las bromas o asuntos graciosos, también es necesario promocionar una mejor sociedad. Siempre hemos oído hablar del Manual de Carreño pero, cuántos los han leído? podría asegurar que muy pocos, mi intención es difundir parte de esa urbanidad que tanto escasea en la actualidad y tanto nos hace falta para lograr un mundo mejor.

Hoy una fracción del manual:  DEL MODO DE CONDUCIRNOS EN SOCIEDAD

De la conversación
De la conversación en general

1 — La conversación es el alma y el alimento de toda sociedad, por cuanto sin ella
careceríamos del medio más pronto y eficaz de transmitir nuestras ideas, y de hacer más
agradable y útil el trato con nuestros semejantes. Pero pensemos que ella puede
conducirnos a cada paso a situaciones difíciles y deslucidas, cuando no esté presidida por la
dignidad y la discreción, y que no basta el deseo y la facilidad de comunicar nuestros
pensamientos, para hacerlo de manera que nos atraigamos el aprecio y la consideración de
las personas que nos oyen.


2 — Nada hay que revele más claramente la educación de una persona, que su
conversación: el tono y las inflexiones de la voz, la manera de pronunciar, la elección de los
términos, el juego de la fisonomía, los movimientos del cuerpo, y todas las demás
circunstancias físicas y morales que acompañan la enunciación de las ideas, dan a conocer
desde luego el grado de cultura y delicadeza de cada cual, desde la persona más vulgar
hasta aquella que posee las más finas y elegantes maneras.
3 — La infinita variedad de los asuntos que se tratan en sociedad, los diferentes grados de
instrucción y de experiencia que muestran los interlocutores, el empeño que naturalmente
toma cada cual en discurrir con erudición y acierto, y las diversas facetas que presenta el
corazón humano en el comercio general de las opiniones, dan a la conversación un carácter
eminentemente instructivo, y la hacen servir eficazmente al desarrollo de las facultades y
al importante conocimiento del mundo.
4 — La conversación debe estar siempre animada de un espíritu de benevolencia y
consideración que se extienda, no sólo a todos los circunstantes, sino también a los que no
se hallan presentes, siendo muy digno de notarse, que toda idea ofensiva a personas
ausentes, incluye también la falta de ofender el carácter de las que nos oyen, por cuanto de
este modo las consideramos capaces de hacerse cómplices de semejante vileza.
5 — Por muy discretas y muy cultas que sean las personas con quienes acostumbremos
conversar, pensemos que alguna vez podremos oír palabras que bajo algún respecto nos
sean desagradables, pues en el ancho espacio que recorre la conversación, difícil es que
sean siempre lisonjeados todos los gustos, todas las opiniones y todos los caprichos. La
tolerancia, que es la virtud más conservadora de la armonía social, será en semejantes casos
nuestra única guía: y así, dejaremos correr libremente todas las especies que se viertan en
medio de una conversación pacífica y amistosa, sin manifestarnos nunca ofendidos por lo
que evidentemente no se haya dicho con la dañada intención de mortificarnos.
6 — La afabilidad y la dulzura son en todas ocasiones el más poderoso atractivo de la
conversaci6n; pero cuando hablamos con señoras, vienen a ser deberes estrictos, de los que
no debemos apartarnos jamás.
7 — No tomemos nunca la palabra, sin estar seguros de que hallaremos con facilidad todos
los términos y frases que sean indispensables para expresar claramente nuestras ideas.
8 — Cuando se sostiene un diálogo, ambos interlocutores deben cuidar de conservar una
perfecta inteligencia en la recíproca enunciación de sus ideas, pues es sobremanera
desagradable y aun ridículo, el que lleguen a un punto en que hayan de persuadirse de que
cada uno hablaba en diferente sentido.
9 — En el caso de conocer que la persona con quien hablamos no nos ha comprendido,
guardémonos de decirle usted no me entiende, ni ninguna otra expresión semejante que
pueda ofender su amor propio. Aunque creamos habernos explicado con bastante claridad,
la buena educación exige que aceptemos siempre como nuestra la falta, y que con suma
naturalidad y buen modo le digamos: «Veo que no he tenido la fortuna de explicarme bien;
sin duda no he sabido hacerme entender»; o cualquiera otra cosa concebida en términos
análogos.
10 — Tengamos especial cuidado de no perder jamás en sociedad la tranquilidad del
ánimo, pues nada desluce tanto en ella a una persona, como una palabra, un movimiento
cualquiera que indique exaltación o enojo. Cuando los puntos sobre los que se discurre se
hacen controvertibles, se pone a prueba la civilidad y la cultura de los que toman parte en la
discusión; y si queremos en tales casos salir con lucimiento y dar una buena idea de nuestra
educación, refrenemos todo arranque del amor propio, y aparezcamos siempre afables y
corteses
11 — En ningún caso entremos en una discusión con una persona, sobre materias que no
interesen evidentemente a los demás circunstantes.
12 — Desde el momento que en una discusión observemos que nuestro adversario echa
mano de sofismas, interpreta torcidamente nuestros conceptos, o bien empieza a perder la
calma y a exaltarse, abandonemos decididamente la cuestión por medio de palabras suaves
y corteses.
13 — Evitemos siempre entrar en discusión con personas que no sean conocidamente
discretas y de buen carácter; y sobre todo con aquellas que estén siempre animadas de un
espíritu disputador y de contradicción.
14 — Si a veces nos es lícito comunicar a nuestro razonamiento aquel grado de calor y
energía, que se permiten los hombres cultos en medio de una decente discusión, tengamos
presente que, en sociedad, con señoras, jamás debemos salir de un tono dulce y afable, sean
cuales fueren las materias que con ellas discutamos.
15 — Cuando la sociedad no pasa de seis u ocho personas, la conversación debe ser
siempre general, es decir, que sólo una persona debe usar de la palabra, y ser oída de todas
las demás; pero cuando la reunión es numerosa cada cual puede conversar con las personas
que se encuentren a su lado, prefiriendo siempre aquellas con quienes tenga alguna amistad.
16 — Cuando la conversación es general, es una incivilidad el llamar la atención de una
persona para conversar con ella sola.
17 — No hab1emos jamás en sociedad sobre materias que no estén al alcance de todos los
que nos oyen, ni menos usemos de palabras o frases misteriosas con determinadas personas,
ni hablemos a nadie en un idioma que no entiendan los demás.
18 — Cuando se nos dirija una pregunta, y no podamos o no debamos satisfacerla, no
contestemos con palabras que puedan arrojar la nota de indiscreción sobre la persona que
nos habla.
19 — Es intolerable la costumbre que llegan a contraer algunos de hablar siempre en
términos chistosos y de burla; y más intolerable todavía la conducta de aquellos que se
esfuerzan en aparecer como graciosos. El chiste en sociedad necesita de gran pulso para
que no se convierta en una necia y ridícula impertinencia; y no es, a la verdad, el que se
afana en hacer reír, el que generalmente lo consigue.
20 — Cuando en un círculo llegan todos a guardar silencio, toca siempre al dueño de la
casa, o a la persona más caracterizada, tomar la palabra para reanimar la conversación.
21 — Cuando acontezca que dos personas tomen simultáneamente la palabra, el inferior la
cederá siempre al superior, y el caballero a la señora.
22 — Siempre que una persona canta, toca, o hace cualquiera otra cosa con el objeto de
agradar a la sociedad, es una imperdonable incivilidad el conversar, aun cuando se haga en
voz baja.
23 — Jamás deja de ser molesta y fastidiosa, la conversación de una persona, cuando ésta
habla con exceso. Los que llegan a adquirir este hábito,- concluyen por hacerse intolerables
en sociedad, y no hay quien no evite encontrarse con ellos.
24 — Es igualmente insoportable la excesiva parsimonia en el hablar. La persona que por
lo general no hace otra cosa que oír a los demás, manifiesta un carácter insociable y
reconcentrado, o bien una carencia absoluta de dotes intelectuales, circunstancias ambas
que la excluyen de todo círculo de gente culta y bien educada.

Un Ejemplo de utilidad: 

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Publicado el 24 mayo, 2011 en Urbanidad y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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